Iniciamos la ruta desde el puente de Tras do Río, por un camino asfaltado hasta llegar al puente situado en el lugar de A Portela. Desde aquí, seguimos un camino de pescadores hasta el Pozo das Moscas.
Continuando por el mismo trayecto, llegamos hasta el puente situado en A Rexedoira. Una vez allí tomamos el camino hacia la derecha. A unos 300 metros, llegamos al cruce de los montes de Gandelo. En este punto continuamos nuestro recorrido por el primer camino situado a la izquierda. Continuamos, atravesando montes de eucaliptos y pinos. También podemos encontrar poblaciones de mimosas, robles y acebos.
Después de recorrer aproximadamente un quilómetro y medio, debemos cruzar un camino asfaltado, para continuar nuestro recorrido por un camino que discurre entre robles y castaños hasta llegar al Rego de Caldeinfernos. A partir de aquí seguiremos el camino que discurre, río arriba, paralelo al mismo, hasta llegar al Pozo da Onza, donde se encuentra una hermosa cascada.
El recorrido lo realizaremos por el mismo camino, hasta un puente de piedra situado en Amarela. Desde aquí, retomamos el camino asfaltado durante el primer quilómetro y, posteriormente, camino de tierra hasta el cruce de los montes de Gandelo, que nos llevará de nuevo hasta el puente de A Portela y, desde allí, al inicio de la ruta.
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La ruta comienza en la Avenida da veiga, al final de la cual encontramos el primer cruce que tomaremos a la izquierda.
Siguiendo esta calle llegamos a la parroquia de Santa Cruz, donde se encuentra situado, al margen izquierdo, el Pazo de gradaille (s. XV). Un quilómetro después, se encuentra el segundo cruce que tomaremos a la derecha. En este momento cuando el desnivel comienza a hacerse más acusado.
Cuatro quilómetros más arriba, en dos curvas consecutivas, se encuentra un Via Crucis y, al final del mismo, la Iglesia de Santo Tomé (s.XIX). Desde el adro que la rodea se puede contemplar una hermosa panorámica del valle.
El tercer cruce está cerca, a la izquierda y dos quilómetros después, el penúltimo cruce, que llevará a nuestro primer destino: el Curro. Este trecho tiene una pendiente bastante acusada.
Una vez en el Curro, a unos 25 metros a la derecha, se encuentra el Dolmen. Esta zona constituye un perfecto mirador, desde el que podemos observar todo el valle y, si el día está claro, el mar Cantábrico.
A un quilómetro del recinto del Curro, en dirección Oeste, se sitúa el Prado de las Chantas, curiosa construcción medieval destinada a guardar el ganado, por lo que puede considerarse como un antecesor del actual Curro. En todo caso, no hay estudios que certifiquen esta origen. Se baraja la posibilidad de que fuese un lugar de adoración celta.
Para los más emprendedores está la opción de ascender hasta los montes de Penido Novo y Penido Vello, de 800 y 771 metros de altitud respectivamente.
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